Dónde comer en Montserrat Buenos Aires

Si algo tiene y conserva el casco histórico del barrio más antiguo de Montserrat es su atractivo arquitectónico, gastronómico y cultural. Cualquiera que haya recorrido sus calles, en especial la Avenida de Mayo, sabe de lo que hablamos y desea volver. Cuna de turistas y administrativos durante todo el año, se codea con la mismísima Plaza de Mayo, oficinas notables y varios edificios emblemáticos como la Casa de Gobierno y el Cabildo, símbolo de la Revolución de Mayo. El Palacio Barolo o el famoso Café Tortoni son otros de los clásicos imperdibles de la zona comercial.

Un barrio ideal para recorrerlo a pie, que con tanto crisol y movida diaria merece una gastronomía a la altura, por eso, cuando el traqueteo baja y asoma la pregunta de dónde comer en Montserrat, allí siempre la respuesta es Lalin. El clásico restaurante porteño emplazado en Moreno al 1900, que brinda la mejor oferta de auténtica y clásica gastronomía gallega en Buenos Aires.

Envidiables recetas de la cocina ibérica en un ambiente ameno y familiar que vale la pena ser descubierto al detalle. Un tesoro de la inigualable cocina española que, de la mano de los primeros pobladores que se establecieron en la ciudad capital y luego sus descendientes, saca a relucir el gusto por los platos más clásicos del saber costero ibérico.

Degustar los sabores propios de la mesa gallega, un poema en sí mismo

Es entonces, cuando la panorámica colectiva del día da paso a la calma, y en el reloj transcurren con prisa las siete de la tarde pasadas, que el barrio céntrico capitalino ingresa en pausa. Las cortinas de los negocios caen y las puertas de las oficinas cierran. Justo al final de cuadra, los bares y restaurantes prenden sus luces. Es ahí cuando el soplo de mediterráneo da vida a nuestro rincón.

Al encuentro de las banderas de ambos países, el ambiente se vuelve un trozo mismo del noroeste de la península. Los pasos de los comensales se dan entre paredes que evocan tradición, cultura y costumbrismo, rodeado de cuadros alusivos a la historia, inmigración que forjó el lugar y paisajes marítimos gallegos, y a los personajes más ilustres de Argentina y España que nos han visitado, junto a mesas y vajilla típica que invitan a sentarse y dejarse maravillar.

Es que la gastronomía y el pueblo gallego son verdadera doctrina para los amantes de esta tierra y Lalin consigue recrear ese espacio que rememora como ninguno. No alcanza una descripción, para conocer, por ejemplo una buena paella en Buenos Aires, hay que pasar por él para sentirlo de cerca.

Disfrutarlo es recrearse entre ingredientes tan propios como célebres: langostinos, aceite de oliva, jamón ibérico, ajo, salmón, pimentón, pulpo.

Va pasando el tiempo y poco queda de apuros. Si hasta no se recuerda mirar el teléfono. Abandonar y pasar la puerta de Lalin incluye alguna añoranza. No importa, porque el cliente advierte que volverá. Con todo y más, se lleva los sabores propios de tierra gallega en el paladar y muy adentro del alma, sabiendo que no fue poco, cenó o almorzó como lo hubiera hecho en casa.